Semana del parto respetado II

parto respetado

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A diferencia de muchas madres, yo puedo contar que tuve un parto respetado. Y encima puedo añadirle, que tuve un parto respetado en un hospital. Pude gozar de un parto natural sin que me obligaran a nada en ningún momento y sin que me sintiera como una hippie histérica. Aunque tengo que decir que no fue un parto bonito y agradable, como los que cuentan algunas madres que se pasaron el rato riendo, o incluso llegaron a tener orgasmos. El mío fue un parto doloroso, fue intenso y, a ratos, frustrante. Pero a su vez, la sensación de empoderamiento fue extrema. Aunque recuerdo sufrir muchísimo, no me acuerdo ni una pizca del dolor. Si me preguntan cómo es el dolor de un parto, no sabría que decir, simplemente no lo recuerdo.

Por suerte no hubo ninguna complicación y pude gozar de un parto natural. Pero lo que me dejó más tranquila fue saber que aunque hubiera acabado la historia en cesárea, por ejemplo, hubiera sido un parto respetado igualmente. Sabia que estaba en manos de un equipo médico que deja que la naturaleza siga su curso, mientras no exista ningún riesgo. Para mi, eso es lo más importante. El hecho de poder confiar con los ojos cerrados en las personas que te acompañan en el parto y tener la total seguridad que cualquier intervención será para beneficiar a tu hijo o a ti misma.

Para terminar, no quisiera dejar de compartir aquellos detalles que me hicieron sentir bien acompañada durante el embarazo, durante el parto y en el post-parto, y que me transmiten la total confianza para volver a afrontar un parto natural (a ver si alguien que mande más que yo toma nota):

1. Una buena preparación pre-parto, con las matronas del centro, dando ánimos a las mamás y ayudándolas a comprender la naturalidad del proceso que teníamos que vivir.

2. Una sala de partos acogedora, con parqué, madera en las paredes, una luz tenue muy agradable. Y todo esto con la compañía de la dulzura de las matronas que me respaldaron durante todo el parto.

3. No ver un ginecólogo en todo el parto. Aunque a algunas madres les parezca un problema, para mi es una descarga y una señal de que todo va viento en popa.

4. Unas enfermeras fantásticas, que aunque les llames por quincuagésima vez para que te ayuden a colocar el bebe en el pecho, siempre entraban con una sonrisa en la cara.

5. Unas matronas que se acercan a la sala de urgencias a las tantas de la madrugada para resolverte una consulta sobre lactancia.

Por todo esto, yo tengo la gran suerte de poder contar que el mío fue un parto respetado.

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