Semana del parto respetado I

parto respetado

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Muchos sabréis que estamos celebrando la Semana del Parto Respetado. Y los que aún no lo sabíais daros por enterados. Hoy el padre fredolic os contará su experiencia en nuestro primer y único parto, al menos hasta de aquí un mes.

Empecemos por el principio. Antes de quedarnos embarazados mi idea de un parto era de una mujer tumbada en una camilla, con la piernas abiertas, y gritando improperios a menudo dirigidos a su marido. Eso si estaban de suerte y el señor con gafas que estaba delante de su entrepierna no decidía hacer un corte y sacar al bebé. Vaya, era la imagen que me había creado a través de lo visto en la televisión y las historias que me contaba mi madre de jovencito. (vaya dos elementos creadores de opinión).

Luego me di cuenta que iba por el mal camino. Pero como no se trata de explicar las mil y una historias sobre formas de parir, y a lo mejor mamá fredolic os cuanta algo (sí, habrá segunda parte del post), pues paso a contaros como viví yo esta pequeña aventura que es ver nacer un hijo o una hija.

La madre fredolic se levanto de madrugada con unos dolores, que a día de hoy puedo asegurar que eran contracciones. Aquí voy a puntualizar que al llegar el enano, las 6 de la mañana ya no se considera madrugada, pero por aquél entonces era muuuy temprano. Hecho el apunte continuo. A pesar de los dolores, cogimos el coche y nos fuimos de entierro a 30 km de casa. No pongáis esta cara, en el curso pre-pato nos dejaron muy clarito que no hacia falta correr con las primeras contracciones…

Terminado el entierro, otros 30 km hasta casas. Vaya viajecito… – No frenes tanto! – Gira con más suavidad! – Aaaaah! Llegados a casa, venga a llamar a los respectivos trabajos, a los familiares que no vinieron al entierro,… mientras mamá fredolic se relajaba en una de esas pelotas gigantes que van bien para casi todo.

Pasado un tiempo prudencial, recibí el orden de emprender el viaje para Gerona. Otros 50 km donde todo lo hacia mal, para que al llegar nos digan que la madre no había dilatado lo suficiente y que había que volver para casa… ¿Cómo? Por suerte nos dejaron ir para la habitación e incluso nos llevaron una pelota como la de casa!

Pasados unos minutos, o horas, la matrona no acompañó hasta la sala de partos. ¡Qué pasada! Pelotas, mecedora, aceite para dar masajes,… Aquí mi tarea se limitó a ver sufrir a mamá. La respuesta a mi oferta e masaje (-No me toques!) me dejó muy claro que iba a ser un elemento pasivo durante el parto.

Cuando la cosa ya estaba bastante avanzada, nos ofrecieron ir para la piscina. Y aquí fue donde, señoras y señores, el pequeño fredolic salió a nado para llegar a este mundo.

Quizá os preguntéis ¿qué hacia la matrona durante todo este rato? Pues nada. Sólo comprobar el latido del mini fredolic y ofrecerme las tijeras para cortar el cordón umbilical una vez nacido. Yo no entiendo demasiado sobre el tema, pero creo que tuvieron un enorme respeto durante todo nuestro parto.

Respeto: Sentimiento de consideración, de estima, hacia alguien debido a sus méritos, su edad, su rango, etc.

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4 pensamientos en “Semana del parto respetado I

  1. Suena a una preciosidad de parto, y es genial leerlo del padre. Idílico, movimiento en las contracciones, atención, espacio, agua… ¡que maravilla! ¿Dónde fue? Porque los km que sean, me la apunto para la siguiente 🙂

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