¿Sombrero o boa?

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Ayer compartíamos con vosotros un artículo en la red titulado La buena escuela no asfixia la creatividad. Recomendamos su lectura para reflexionar, con tranquilidad, sobre la aniquilación de la creatividad que ejecuta, seguramente de forma involuntaria, la escuela tradicional.

Pues bien, aprovechando que estos días se cumplen 70 años de la publicación del Principito, reproducimos un fragmento del texto para ilustrar este tema: la importancia de preservar la creatividad durante la infancia para que nos acompañe a lo largo de toda nuestra vida.

Cuando tenía seis años vi una vez una magnífica estampa en un libro sobre la selva virgen, que se llamaba Historias vividas. Era sobre una serpiente boa que estaba devorando a una fiera. He aquí la copia del dibujo:

En el libro se afirmaba: “La serpiente boa se traga su presa completamente entera, sin masticarla. Luego no puede moverse y duerme durante los seis meses que dura la digestión.”

Reflexioné sobre las aventuras de la jungla y a mi vez pude, con un lápiz de color, trazar mi primer dibujo. Mi dibujo número 1 era de esta manera:

Mostré mi obra maestra a las personas mayores y les pregunté si mi dibujo no les causaba miedo.

-¿Por qué debería darme miedo un sombrero? – me respondieron.

Mi dibujo no representaba un sombrero. Representaba una serpiente boa que digiere un elefante. Dibujé entonces el interior de la serpiente boa a fin  de que las personas mayores pudieran comprender. Estas personas siempre necesitan explicaciones. Mi dibujo número 2 era así:

Las personas mayores me aconsejaron abandonar el dibujo de serpientes boas, ya fueran abiertas o cerradas, y poner más interés en la geografía, la historia, el cálculo y la gramática. Fue así como a la edad de seis años abandoné una magnífica carrera de pintor.  Había quedado desilusionado por el fracaso del dibujo número 1 y el dibujo número 2. Las personas mayores son incapaces de comprender algo por sí solas y es muy fastidioso para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones.

Tuve, pues, que elegir otro oficio y aprendí a pilotar aviones. He volado un poco por todo el mundo y la geografía, en efecto, me ha servido mucho; al primer vistazo he sabido distinguir perfectamente la China de Arizona. Esto es muy útil, sobre todo si se pierde uno durante la noche.

A lo largo de mi vida he tenido multitud de contactos con multitud de gente seria. He frecuentado mucho las personas mayores y las he conocido de cerca; pero esto  no ha mejorado mi opinión sobre ellas.

Cuando me he encontrado con alguien que me parecía un poco lúcido, lo he sometido  a la experiencia de mi dibujo número 1 que he conservado siempre.  Quería saber si verdaderamente era  un ser comprensivo. E invariablemente me contestaron siempre: “es un sombrero”. Me abstenía entonces de hablarles de la serpiente boa, de la selva virgen y de las estrellas. Poniéndome a su altura, les hablaba del bridge, del golf, de política y de corbatas. Y mi interlocutor se quedaba muy contento de conocer a un hombre tan razonable.

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