Segunda mano

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Hoy os queríamos contar una forma diferente de consumir, las tiendas de segunda mano. A pesar de que no es un tipo de comercio totalmente desmarcado del sistema tradicional de consumo, donde usamos algún tipo de moneda para conseguir aquello nos llevaremos para casa, si que rompemos con la rueda viciosa de producción desenfrenada y consumo de nuevos productos, que ni tan siquiera necesitamos.

Esta semana hemos visitado una tienda de segunda mano, aprovechando que andábamos por Girona. Este tipo de tiendas es una fuente inagotable de sorpresas. Encontraréis de todo. Nosotros acostumbramos entrar en ellas siempre que se da la ocasión, porqué  con poco dinero podemos salir bien cargados. Los juegos de mesa, libros y cuentos, películas, suelen estar muy bien de precio. Ayer mismo, por cuatro euros nos llevamos tres libros y una película de Pingu. Para poner la guinda al pastel, uno de los libros contiene el cuento de Blauet, que se lo contaba a mamá cuando iba al colegio.

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Pero lo más  bonito, no consiste en encontrar chollos, sino en reutilizar. Hay poca mucha gente que considera las tiendas de segunda mano como un sitio para gente pobre, que no se pueden permitir objetos nuevos. Para nosotros, es una forma de darle vida a aquellas cosas que para otro ya han quedado obsoletas. No hay nada más mágico que pensar que lo que has conseguido, alguna vez hizo feliz a otra persona y que, con un poco de suerte, hará feliz a alguien más en el futuro.

El inconveniente que tiene la compra de segunda mano es que no se puede esperar encontrar justamente aquello que buscamos. Hace falta ser bastante flexible. No vamos a encontrar 20 marcas de un mismo producto, ni una pieza de ropa en todas las tallas y colores, tendremos que adaptarnos a lo que encontremos, siempre diferente y sorprendente.

La parte más oscura del circuito de segunda mano, es que algunas de estas tiendas aprovechan las necesidades de la familias más ahogadas por la crisis para ofrecer precios muy por debajo de lo que ellos conseguirán, maximizando los beneficios a costa de quienes necesitan el dinero, con lo que esta práctica pierde parte de su encanto.

A pesar de ello, os recomendamos participar de esta forma de consumo, también en las redes de intercambio, donde ni tan siquiera interviene una moneda, la gente intercambia productos que ya no usa por otros que necesita. Así le damos una vida más larga a todo aquello que tenemos arrinconado en casa y evitamos, de paso, la escalada productivista que alimenta el sistema capitalista.

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